Se acaba de estrenar la tercera temporada de la serie The Walking Dead, un programa que me gusta y me disgusta a partes iguales. Me parece que la idea es brutal y con infinidad de posibilidades, al estilo de películas o libros como “El Señor de las Moscas”: un grupo de personas que se ven obligadas a unirse para sobrevivir, implantando normas de convivencia, planeando sus pasos y acciones, pensando en el conjunto con los irremediables roces por el liderazgo… pero no llega (ni de lejos) al nivel de su versión original en cómic. La parte mala, la que me hace revolverme en mi sofá, es toda aquella que concierne a la división del trabajo entre los miembros del grupo, y sobre todo al papel que juegan las mujeres. Y es que me niego a creer que, ante la situación de un hipotético apocalipsis zombie, los hombres se dediquen a matar muertos vivientes, conseguir recursos y medicinas, y ellas se resignen a fregar bragas (las propias, y las ajenas también), mientras ven como los “machos Alpha” se disputan el poder y, de paso, malmeten entre ellos. El personaje más insoportabley machista es, sin duda, Lori Grimmes, la esposa del protagonista. Una “Primera Dama” de moral dudosa, fiel seguidora de la Ley del Embudo: ancho para mi, estrecho para los demás. Y el colmo llega cuando Andrea, la única mujer que hace guardias igual que los hombres, aprende a disparar y, en fin, se preocupa por su supervivencia, es apartada y marginada del grupo de mujeres, que le echa en cara esa actitud mientras preparan la cena para los hombres, claro ¿Estará al cargo del guión de esta serie Cuca García de Vinuesa?
Al menos, este primer capítulo nos trae un poco de luz sobre el asunto. No nos alegremos mucho, sólo un poco de luz: las mujeres han aprendido a disparar en estos meses que se supone que han transcurrido desde el final de la segunda temporada. Incluso Carol (la beatísima) se sube a una torreta empuñando un rifle para terminar con los no muertos. Pero, como siempre, lo rematan cuando todos los hombres del grupo (menos una mujer) se van a explorar la cárcel en la cual se quieren instalar los supervivientes, y “dejan al mando” al niño pequeño, hijo del líder de la manada… ¿Perdón? ¡Si tendrá 10 años!
Y para terminar, destacar la inclusión de un nuevo personaje, Michonne: una afroamericana que se dedica a decapitar zombies con una katana. Me gusta, y mucho. Y arriesgaría si digo que, quizá, los productores se animan a incluir un primer romance LGTB: El de Michonne y Andrea. Sería la bomba, aunque difiera tanto de la historia original. ¿Se atreverán a incluir este tipo de trama en una serie que sigue una línea tan conservadora?
Borja Nieto
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